"Un barco es constantemente reparado. Se rompe el mástil y es reemplazado, el piso se desgasta y lo cambian por piso nuevo, el timón, la proa... Poco a poco, el barco es renovado por completo, cambiando partes viejas y desgastadas por nuevas y hasta mejores. Al cabo de un año nuestro barco se ve igual, pero no lo es. Ni un sólo madero que lo haya compuesto hace algunos años está en él al día de hoy. ¿Es éste el mismo barco?"
Últimamente me han surgido varias preguntas como ¿quién soy? y así.
"Haz cambiado", "ya no eres el mismo", "perdiste tu esencia". Al principio sólo pensaba: "que no mamen" pero por alguna razón, esas cosas se quedan en la cabeza y en noches como esta, es inevitable cavilar sobre ellas.
Todos vamos cambiando. Eso no quiere decir que dejemos de ser quienes somos. ¿O si? De cualquier forma, encuentro bastante estúpido hacer tanto escándalo por ello.
Lo importante es, creo yo, estar feliz con quienes somos y lo que tenemos, y para eso, hay primero que saber quiénes somos y qué tenemos, ¿y cómo hacerlo sin experimentar? Es imposible.
Además de que, llegada la edad, uno casi instintivamente comienza la búsqueda de su individualidad. Seguramente en el camino uno cometerá errores y tal vez estos incluyan a terceros, pero ¿por qué detenerse por ello? Complacer a todo mundo está cabrón y es una verdadera pendejada intentarlo. Si la gente no cambia, es muy seguramente porque está estancada en la hueva, la mediocridad u otra cosa. O se es muy feliz sin avanzar ni aprender nada, o se es muy estúpido para no darse cuenta de que se está hundido.
Además de que, llegada la edad, uno casi instintivamente comienza la búsqueda de su individualidad. Seguramente en el camino uno cometerá errores y tal vez estos incluyan a terceros, pero ¿por qué detenerse por ello? Complacer a todo mundo está cabrón y es una verdadera pendejada intentarlo. Si la gente no cambia, es muy seguramente porque está estancada en la hueva, la mediocridad u otra cosa. O se es muy feliz sin avanzar ni aprender nada, o se es muy estúpido para no darse cuenta de que se está hundido.
Las vivencias, para bien o para mal, nos cambian, tal vez no en su totalidad, pero queramos o no, aprendemos y nos adaptamos. Si tenemos una rutina la perfeccionamos. Si no la tenemos, el tiempo se encarga de moldearnos una y ajustarnos a ella, en cualquiera de los dos casos, es totalmente inconsciente nuestra adaptación a ella y a las cosas que, por accidente o por búsqueda, encontramos y hacemos nuestras.
La esencia, lo que nos hace ser quienes somos, no cambia NUNCA. Ésa ni la conocemos, nacemos con ella, pero generalmente aparece cuándo y como quiere. Es la actitud hacia las personas o las cosas la que sí evoluciona (o involuciona) en función de nuestras interacciones diarias.
También nuestras necesidades cambian y eso básicamente determina las etapas de nuestras vidas. Una etapa termina y empieza otra, siempre es igual. Uno debe aceptar y disfrutar su etapa al máximo, se tenga la edad que se tenga y el momento en el que se esté, bueno o malo. Es una auto-patada en las bolas pretender aferrarse, adelantarse, o permanecer en la misma etapa. El tiempo no perdona.
Habrá etapas malas o lapsos muy malos en ellas y no podemos hacer nada para evitarlo, lo único que nos queda es la resignación, y tratar de vivir la situación lo mejor posible y aprender de ella, procurando ser optimista y recordando que nada dura para siempre.
Toda acción en esta vida tiene una consecuencia, por tanto, todo lo que se nos presente en adelante será muy probablemente el resultado de lo que hemos hecho y lo que nos ha pasado. Está en nuestras manos que sea la etapa que nosotros mismos queramos vivir, siempre lo está.
En conclusión:
Si, cambié. A huevo. ¿Y? ¿Quién no cambia? He fallado y acertado, como todos, y según he explicado, aprendí de ello y me ajusté. Hay cosas que solía hacer y ya no hago (o no tanto), también hay cosas nuevas en mí, pero ahí está muchísimo de lo viejo, y son esas cosas que han permanecido las importantes para mí, porque son la base de quien soy. De cierto modo, (del importante) sigo y seguramente siempre seguiré siendo el mismo. Me gusta mi vida y mi forma de ser (bueno, casi todo) y lo que no, a re-muy ultimadas cuentas, yo lo cambio cuando quiera. Es muy mi pinche vida.
Si, cambié. A huevo. ¿Y? ¿Quién no cambia? He fallado y acertado, como todos, y según he explicado, aprendí de ello y me ajusté. Hay cosas que solía hacer y ya no hago (o no tanto), también hay cosas nuevas en mí, pero ahí está muchísimo de lo viejo, y son esas cosas que han permanecido las importantes para mí, porque son la base de quien soy. De cierto modo, (del importante) sigo y seguramente siempre seguiré siendo el mismo. Me gusta mi vida y mi forma de ser (bueno, casi todo) y lo que no, a re-muy ultimadas cuentas, yo lo cambio cuando quiera. Es muy mi pinche vida.
He dicho.
