lunes, octubre 29

Lecciones


Una vez me contaron una historia:

Hace mucho tiempo hubo en algún reino una princesa enamorada, pero su príncipe la abandonó y ella juró nunca volver a cometer el error de amar. Pasaron los años y ella, aunque seguía hermosa y pretendientes de todos los reinos no le faltaban, vivía en gran soledad porque no olvidaba.
De ella se enamoró un juglar, y éste, para probarle su amor, le prometió a la princesa que le cantaría 100 canciones durante 100 noches bajo su ventana, esperando el momento en el que ella saliera a escucharlo y lo aceptara. 
 
A las 25 noches los amigos del juglar, dándole mil razones, le pidieron que desistiera, pero él no lo hizo, porque tenía la convicción del amor en su corazón. A las 50 noches le aconsejaron a la princesa que decidiera, porque igual que ella, aquel juglar sufría cantando bajo su ventana sin recibir respuesta, pero la princesa no decidió y se mantuvo firme. 
Fue hasta la noche 99 cuando la princesa sintió amor por el juglar que bajo su ventana insistía con el laúd, así que decidió salir a recibirlo. Pero mientras ella se arreglaba para salir a su encuentro, el juglar, que no sabía ésto, entendió que después de tantas, una noche más no haría diferencia, y guardando su laúd y sus lágrimas, se retiró con el corazón partido. Así fue que la princesa salió para no encontrar a nadie, y del mismo modo que el juglar, se retiró de la ventana con el corazón hecho pedazos.

Es chistoso porque la historia pretende ser fábula, enseñar una lección. Y así unos podrían decir que la lección es nunca rendirse, aguantar hasta el final porque uno nunca sabe; otros, que la moraleja es no dejar pasar las oportunidades porque "¿y si nunca más?". Yo no creo que sea ni una ni la otra. Si hay una lección qué aprender aquí es que no hay por qué poner condiciones absurdas ni pretender proezas mártires, es decir,  si uno va a poner a prueba sus propios límites pues qué padre, pero no hay que poner a prueba los de los demás, porque el hecho de que alguien sea capaz de hacer algo no significa que se le deba obligar a hacerlo. En esta historia, por ejemplo, nuestros personajes empujaron sus límites propios y del otro tontamente, y también tontamente desconsideraron al otro.

Y es todavía más chistoso, porque cuando la escuché se me hizo una mamada, y ahora estoy en una situación tan similar que no puede ser más que porque la historia de mi vida también es una mamada.