martes, diciembre 21

Presagios del fin

Se acaba el tiempo. Como siempre, enterarse es lo peor. Nada que hacer salvo esperar.

Sé que estarás ahí, cuando me arrodille y de a poco se nuble mi vista. Llévame de la mano al hogar que llamamos Nuestro. No lo notaré y mucho menos diré que lo necesito. Hoy sabes sí.

Te lo pido hoy, no porque confíe en ti. Es sólo que quiero pensar que al menos, en una vida, logré inspirar confianza o amor en uno de mis cercanos.

Luego el tiempo pasará y yo ya no estaré, y entonces será mi recuerdo quien agonice, entonces mira al el cielo por favor, y ahí deja lo que quede de él. Mátalo en un instante, que no se apague en agonía.

No importa en realidad si no lo haces, o si no lo entiendes, sólo dime que sí, que así lo harás. Ya conozco el resto.

viernes, diciembre 10

Superficial


"Tienes linda piel" "Me gusta tu cabello" "¿haces ejercicio?" "Se te vería bien (...)" 

¿Te parece que alguna de estas frases sea superficial? A mí no. 

Explico:

Ya varias personas que conozco se han molestado o incomodado por malinterpretar esta clase de comentarios. Me dicen: "eres muy superficial", "el físico no es lo importante" "lo que importa es lo de adentro".

¡Válgame! No sólo no estoy de acuerdo, sino que se me hace una barbaridad considerar el cuerpo y su cuidado como algo secundario, "superficial", ¿Acaso el cuerpo tiene menos importancia que la mente o el alma? Yo creo que no. 

A ver, cuando te trate distinto o te menosprecie por tu color de piel, tu lugar de origen, tu forma de vestir, tu posición socio-económica, cuando le dé más importancia (que a ti, la persona) a la marca de ropa que vistes, al celular que traes, a tu acento, al lugar en donde vives, al auto que manejas, al sueldo que ganas, a tu peinado, dime superficial cuando haga estas cosas.

No es más que el ego, la pereza y el miedo acumulados en nosotros mismos, lo que nos impulsa a ofendernos tras escuchar crítica alguna y ocultarnos detrás de una hipócrita máscara de desinterés por el físico, siendo que en el fondo, la inconformidad con uno mismo está ahí. 

Si estás tan feliz contigo mismo, ¿Por qué te ofendes? Yo te diré por qué: 


Porque resulta que tú eres la primera persona en criticarse, en compararse con otros, en plantear los "debería" y "hubiera" en tu propio cuerpo, cara y en toda tu vida, pero, desgraciadamente, de ahí no pasa, de tu molestia por ese barro que te salió en la frente, esos kilos de más que te atormentan, ese cabello que no te gusta y todos los defectos que te encuentras frente al espejo y que desearías no tener y sería mejor que nadie los notara, pero que ¡que difícil es cambiarlos! ¿verdad? Mejor hagamos como que no importan, y demos prioridad al interior, lo más fácil.  

Es claro que hay cosas que no podemos cambiar de nosotros y tal vez no nos gusten. A mí me encantaría ser más alto, por ejemplo, o tener una voz más portentosa, pero son estas cosas las que me hacen ser quien soy y que nadie más puede ser, lo que ni yo mismo puedo cambiar de mí. Entonces, mis defectos no son mas que peculiaridades que llega a ser defectos sólo en la medida que exista una molestia de mi parte por ellos. Y entonces, pues mejor aceptarse, ese soy yo ¿verdad?

Ahora viene lo que si podemos cambiar, tal vez sea mera vanidad para algunos, tal vez salud mental a través de la salud física para otros, simple cuestión de equilibrio Alma/cuerpo/mente, para algunos otros en los que me incluyo.

A mi forma de ver las cosas, el cuerpo es ese templo en el que atesoramos nuestra vida entera, nuestro conocimiento, personalidad, recueros, amores, y todo lo que nos guardamos para nosotros. Pero no sólo eso, además resulta, para mí,  que el cuerpo es el vehículo y maquinaria con la que mi mente y mi alma se desenvuelven dentro de un entorno en el que de otra manera simplemente no subsistirían. Entonces, ésta máquina tan útil y necesaria para mi, este templo tan valioso, mi principal y más importante carta de presentación y arma frente al mundo, ¿No merece un cuidado igual de valioso? Ah, pues si resulta que tu respuesta es si, te tengo noticias:


 La piel, tu rostro, tu cabello, tus uñas, SON PARTE DE TU CUERPO, ¿menos valiosos, acaso?

No importa cómo lo quieras ver o si me das las razón o no. Cuando no sea posible lastimar tu ego con críticas u observaciones tan superfluas, cuando te sea del mismo valor el cuidado de tu físico como el de otros aspectos de tu vida, sabrás que tu autoestima está en el lugar donde debe estar. Y es entonces cuando estos comentarios te serán tan importantes como me son a mí: muy poco.


 Listo, ya no eres superficial. De nada.

sábado, noviembre 27

Bio

¿Planeando seguirme?




  • Chrisóforo (Chris, pa' los cuates). Diseñador industrial de día y guitarro diletante de noche.

  • Soy bien mal hablado.

  • Temas y estilo sujetos a mi estado de ánimo, puede haber cambiarlos sin previo aviso.

  • Me importa más a quién leo que quien me lee. No pretendo ser un -inserte aquí etiqueta social de moda- y no tuiteo mucho.

  • Odio a los siguientes grupos de personas:
· Fanboys de lo que sea
· "Social media experts" 
· Políticos y activistas de sofá. 
· Mujeres sexosas carentes de dignidad, autoestima, atención y/o amor propio.




martes, septiembre 21

Etapas



"Un barco es constantemente reparado. Se rompe el mástil y es reemplazado, el piso se desgasta y lo cambian por piso nuevo, el timón, la proa... Poco a poco, el barco es renovado por completo, cambiando partes viejas y desgastadas por nuevas y hasta mejores. Al cabo de un año nuestro barco se ve igual, pero no lo es. Ni un sólo madero que lo haya compuesto hace algunos años está en él al día de hoy. ¿Es éste el mismo barco?" 

Últimamente me han surgido varias preguntas como ¿quién soy? y así.

"Haz cambiado", "ya no eres el mismo", "perdiste tu esencia". Al principio sólo pensaba: "que no mamen" pero por alguna razón, esas cosas se quedan en la cabeza y en noches como esta, es inevitable cavilar sobre ellas. 

Todos vamos cambiando. Eso no quiere decir que dejemos de ser quienes somos. ¿O si? De cualquier forma, encuentro bastante estúpido hacer tanto escándalo por ello.

Lo importante es, creo yo, estar feliz con quienes somos y lo que tenemos, y para eso, hay primero que saber quiénes somos y qué tenemos, ¿y cómo hacerlo sin experimentar? Es imposible.

Además de que, llegada la edad, uno casi instintivamente comienza la búsqueda de su individualidad. Seguramente en el camino uno cometerá errores y tal vez estos incluyan a terceros, pero ¿por qué detenerse por ello? Complacer a todo mundo está cabrón y es una verdadera pendejada intentarlo. Si la gente  no cambia, es muy seguramente porque está estancada en la hueva, la mediocridad u otra cosa. O  se es muy feliz sin avanzar ni aprender nada, o se es muy estúpido para no darse cuenta de que se está hundido.

Las vivencias, para bien o para mal, nos cambian, tal vez no en su totalidad, pero queramos o no, aprendemos y nos adaptamos. Si tenemos una rutina la perfeccionamos. Si no la tenemos, el tiempo se encarga de moldearnos una y ajustarnos a ella, en cualquiera de los dos casos, es totalmente inconsciente nuestra adaptación a ella y a las cosas que, por accidente o por búsqueda, encontramos y hacemos nuestras.

La esencia, lo que nos hace ser quienes somos, no cambia NUNCA. Ésa ni la conocemos, nacemos con ella, pero generalmente aparece cuándo y como quiere. Es la actitud hacia las personas o las cosas la que sí evoluciona (o involuciona) en función de nuestras interacciones diarias.

También nuestras necesidades cambian y eso básicamente determina las etapas de nuestras vidas. Una etapa termina y empieza otra, siempre es igual. Uno debe aceptar y disfrutar su etapa al máximo, se tenga la edad que se tenga y el momento en el que se esté, bueno o malo. Es una auto-patada en las bolas  pretender aferrarse, adelantarse, o permanecer en la misma etapa. El tiempo no perdona.

Habrá etapas malas o lapsos muy malos en ellas y no podemos hacer nada para evitarlo, lo único que nos queda es la resignación, y tratar de vivir la situación lo mejor posible y aprender de ella, procurando ser optimista y recordando que nada dura para siempre.

Toda acción en esta vida tiene una consecuencia, por tanto, todo lo que se nos presente en adelante será muy probablemente el resultado de lo que hemos hecho y lo que nos ha pasado. Está en nuestras manos que sea la etapa que nosotros mismos queramos vivir, siempre lo está.

En conclusión:

Si, cambié. A huevo. ¿Y? ¿Quién no cambia? He fallado y acertado, como todos, y según he explicado, aprendí de ello y me ajusté. Hay cosas que solía hacer y ya no hago (o no tanto), también hay cosas nuevas en mí, pero ahí está muchísimo de lo viejo, y son esas cosas que han permanecido las  importantes para mí, porque son la base de quien soy. De cierto modo, (del importante) sigo y seguramente siempre seguiré siendo el mismo. Me gusta mi vida y mi forma de ser (bueno, casi todo) y lo que no, a re-muy ultimadas cuentas, yo lo cambio cuando quiera. Es muy mi pinche vida.

He dicho.

miércoles, enero 6

Casi antes del fin

Falta poco para el atardecer en el parque. Parece un día cotidiano con mis amigos y contigo, pero no lo es. Llevo como una hora tomando tu mano sin quitar la vista de tus labios, diciendo no sé qué y no me interesa. Llevas puesta tu sudadera favorita, la morada, que también es la mía. Casi no te escucho y así es mejor, prefiero no pensar demasiado en lo que dices, ya antes habíamos pasado por ésto y aun así, el momento es demasiado extraño...

—¡Pero no pongas esa cara! ya nos hemos separado antes, y tú regresaste, ¿por qué yo no? Igual y es el destino. —No, esta vez es diferente. Quisiera poder disimular lo que pienso, pero no puedo.

—¿Y cuándo te vas?  —Ni siquiera escuché la respuesta. Me ocupé demasiado en esconderte el nudo que se formaba en mi garganta.

¿Por qué ahora? ¿Por qué otra vez? Sólo pensando en ti resistí ser el nuevo una vez más, añorando, con cada respiro, regresar a ti. Y míranos ahora, estoy aquí, contigo, ¡volví! Y eres tú la que se va...

—No llores mi niña, de todos modos vas a venir de visita de vez en cuando, por tu familia, ¿no? Y yo también te voy a ir a visitar siempre que pueda... o siempre que me sobre varo, jeje.  —Mal momento para querer ser gracioso, ya sé.

¿Y si nos escapamos? ¿Soportarías vivir conmigo? —Me dices y luego te callas con esa ansiedad que sé que sólo se siente cuando se ama. Y así los dos, tratando de imponernos aunque sea un momento una mejor realidad que esta.

—Pues no sé... ¿Roncas? —Sí, feliz lo haría. Despertar contigo sería lo mejor de mi vida. Pero ambos sabemos que no es posible.

Aunque hoy no es la despedida, me das el más fuerte abrazo que me jamás hayan dado, y yo ahí sin saber cómo actuar. Nos miramos como quien va a morir, y luego adelantamos ese beso de despedida que ya sabíamos que no íbamos a querer dar después.

Nuestros amigos nos dejaron solos, presiento que ya sabían que te irías y el último en enterarse fui yo. Por un momento me molesto y me aparto, pero me doy cuenta que es tonto y te regreso a mis brazos.

—¡Bueno ya! Ya estuvo bueno de drama. Si nos queda poco tiempo, hay que aprovecharlo, ¿no?.. ¿Patinamos? 

¡Si! pero quita esa carota, aquí y en china seguirás siendo mío y sólo mío, y yo tuya. Para siempre, ¿primise?

¡Promise!

Dos meses pasaron desde ese día y luego así nada más te fuiste. A diario rogué por que no llegara el día, pero llegó. Cuatro meses pasaron desde nuestro adelantado adiós y luego el destino también me hizo marcharme... otra vez. Hoy, a casi dos años de ese adelantado día de despedida, volveré a vivir ahí, en donde te conocí y en donde te me declaraste tú (para sorpresa mía) una tarde al salir de la escuela. Ah, pero no será la misma casa, sino cerca de donde nos separamos por primera vez y donde nos abrazamos por horas cuando volví.

Dos años es mucho tiempo, ¿sabes? Prácticamente no conozco a nadie, todos se fueron, como nosotros nos fuimos. Seré el new kid de nuevo, pero me agradará estar ahí, donde tantos lugares me alegrarán cuando camine entre mis memorias solo.

Estoy a poco de un final y, casi antes de éste, recordé lo que fue el último. De una vida al menos.

martes, enero 5

Mente Adolescente

Hace unos días, haciendo limpieza de inicio de año como ya es costumbre en mi hogar, me encontré con una de las mochilas que usé en alguna de las tantas escuelas en las que estuve en mis años mozos. Aparte de la obvia nostalgia que traía consigo el objeto mismo, lo que me hizo el día fue encontrar dentro de ella una libreta que usé para dibujar (ya que nunca tuvo un mejor propósito). 

Revisando sus páginas me encontré con ideas y estilos que me parecieron los de un completo extraño, y eso me hizo pensar en todo lo que he olvidado de esos días; las penas y las alegrías, mis gustos y todo lo que he cambiado desde esos días. Han pasado ya casi 4 años desde que hice estos dibujos y hasta ahora le gané a la hueva para compartirlos y dejar que quien lea esto, sepa lo que pasaba por mi mente adolescente y, tal vez, recuerde un poco de la propia. ¿Apoco no dibujo bien chirindongo? :P