miércoles, noviembre 9

Something Stupid

No hay derecho, maldita sea.

En pleno “mesaversario”. Tan bonito peluche que te compré. Tan con las ganas de esa noche que me quedé. ¡Es que no lo puedo creer!
O sea,  ¿A quién se le podría ocurrir terminar contigo? Solamente a un imbécil como yo. Pero pues ya no sé ni por qué me culpo. 
Digo, está bien, sólo llevábamos un mes, pero nos conocemos desde hace como ocho. O sea, igual y sí, pero pues también puede que no. Puede que estés loca.
Y es que no me la esperaba, menos así, en el preciso momento que lo dijiste, me súper agarraste en calzones.
Pasaron tantas cosas por mi cabeza en ese momento... Fue como:
—Te amo.

Y ¡Fum! Que se congela el tiempo y entonces pienso:
"¿Qué? ¡Pero si apenas llevamos un mes! ¿Qué le pasa? Todavía no sé ni cuál es su canción favorita de los Beatles. Es decir, hay tanto que no conocemos uno del otro. Y es que a veces uno confunde el frecuentarse con el conocerse, y para poder hablar de amor, creo yo, se tienen que saber algunos detallitos o, no sé... ¡algo! Porque eso sí, si algo he aprendido es que no se puede amar lo que se desconoce.

Y de seguro querrá que yo también le diga que la amo… ¿Y la amo? Bueno, enamorado estoy, de eso no hay duda, pero no sé si sea tanto como para decir amor. Tal vez el simple hecho de cuestionármelo indique que no la amo, o sea, hay cosas que amo de ella; como su piel blanca como la nieve o poder platicar con ella, con la misma naturalidad de lo que sea, o decirle que es como una rosa blanca y luego mirar cómo el rubor en sus mejillas la convierte en una más hermosa rosa roja. Pero…

—Mira, si no estás seguro no…
—Creo que debemos terminar.
—… ¿Qué?
—Es que...
— Ay, mira, ¿sabes qué? ¡Eres un Imbécil!

:(

Quiero mis discos de los Arctic Monkeys y no me contesta maldita sea.





domingo, agosto 14

Hasta el fondo

Justo ahora por mi mente pasan las palabras que, tras una de esas intrascendentes pláticas que suele tener la gente intrascendente, murmuró quien resulta ser la segunda persona que más pinche admiro (la cual debería ser la primera, pero pues no, es la segunda): "Qué desperdicio..." se dijo, para sí, refiriéndose a mi.

Sí, soy un enorme desperdicio de persona. Desperdicio, como dicen, mi potencial (sea lo que sea eso), mi dinero, mi tiempo, mis oportunidades; desperdicio mi vida estando con ella, que no quiero, mientras pienso en ella,, que sí quiero tanto,  y en esos muchos otros que aún extraño. También desperdicio luz, agua, aire y hasta espacio... Todo es un vil desperdicio conmigo. Y sé que debería de importarme, pero la verdad es que no, porque el hecho es que no soy el único.

Señor Mundo: Lamento tener que decírtelo, pero también tú eres un enorme desperdicio y, lo que es peor, nos hemos estado desperdiciando el uno al otro y a conciencia. Y aunque me das tanta hueva como seguramente yo te la doy a ti, no tengo ninguna intención de cambiar los términos de nuestra relación. Así que, ¿sabes qué? Ya basta de hipocresías, a la verga contigo y con los tuyos. Desde ya me dejaron de importar tus estúpidas banalidades y las igual de estúpidas personitas habitándote. Y no creas que vas a ver un cambio muy cabrón en mí o en mi comportamiento, ni eso te mereces, tu castigo será recibir el mismo trato que hasta hoy te he dado, con algo más de egoísmo descarado y acaso indiferencia, nada más.

 ...

Pues entonces qué. Hasta el fondo, de una vez, ¿no? Y segurito que te vas a preguntar, porque eres bien pendejo, por qué ir hasta el fondo desde el principio y eso es muy sencillo:

Porque sea como sea hacia allá vamos todos, ¿no? Hacia el fondo. Quizá hoy sólo el de esta y acaso otras botellas, mañana el de esta puta depresión, a lo mejor dentro de unos días el del infierno. Pero por hoy, sólo será el fondo de esta copa y el de esta botella y ya, pues, cerremos con la primera el pacto.

¡Ah! Pero te aviso, tal vez sólo esta noche te cumpla el pacto y únicamente durante estas horas no nos desperdiciaremos, porque nos vemos como realmente somos y así no hay manera. Igual y mañana despierto en no sé dónde con un dolor bien cabrón de cabeza, una insoportable sed y sin esta sensación de estar hasta la madre de todo; me habrás dejado de dar hueva, te volveré a ver hermoso y blablá empezamos otra vez, no lo sé. Sólo sé que hoy así son las cosas y tú te chingas y me vas sirviendo otra, o si no, ya no desperdiciaré mi dinero, mi tiempo y todo lo demás que desperdicio contigo y me voy a otro pinche mundo donde pueda desperdiciarme a gusto, mandarlo todo entero a la verga porque me da hueva y cerrar todos los incoherentes pactos suicidas que yo quiera, brindando con una falsa sonrisa y igual de falso y además poco insípido "hasta el fondo".



viernes, julio 29

Flojera

Me gusta estar con mi hermano, a él le impresiona lo que sea. Me gusta, aunque no lo demuestre, porque me trata como si fuera un superhéroe o algo así. Imita lo que hago, lo que digo, siempre me está haciendo preguntas y a donde quiera que yo vaya, él quiere ir. Es halagador.

Recuerdo una vez que nos fuimos de día de campo, jamás he visto a alguien tan emocionado. Como no fui yo quien planeó el paseo ni quien condujo hasta el lugar, no puse atención al nombre y hasta hoy no lo sé. Lo que sí sé es que era un bosquesillo bien pintoresco, y aunque había otras familias en la cercanía, el lugar no estaba infestado de basura, establecimientos mercantiles, parejas calenturientas ni de otras cosas del mundo civilizado. Sólo árboles, plantas, piedrotas, un riachuelo por ahí y en la distancia un cerrote del que se podían distinguír personitas escalando la parte más rocosa.

Mi hermanito fascinado. Tal vez desde los ojos de un infante sería algo majestuoso, pues un vistazo al cerro ése bastó para que entendiera que un niño de su edad no podría aventurarse a escalarlo. Habrá  imaginado que sería distinto conmigo, pues me preguntó: "¿Y tú vas a subir todo eso?"

"Me da... flojera." Le respondí, por no decirle miedo. Así pues transcurrió el día familiar sin más ni más.

Yo siempre he admirado a mi carnalito, tal vez más de lo que él a mí. Es inteligente y seguro de sí mismo, va mejor que bien en la escuela, de vez en vez trae a casa a sus amigos y aunque aún está chiquito, las niñas de su salón ya le echan el ojo. No podría estar más orgulloso.

Luego así nomás todo empezó a cambiar. Empezó hace poco el nuevo año escolar y ya he tenido quejas de por su mal comportamiento.

Al principio no le tomé importancia porque confío en él y pensé que terminaría resolviendo lo que fuera, pero los días pasaron y nada se ha resuelto, así que decidí preguntarle qué le pasa. Sólo conseguí que se enojara conmigo y sin darme explicación alguna me corrió de su cuarto.

Ayer cuando llegué de ir a correr hice lo que siempre hago; desayuné, me subí a bañar y a prepararme para ir a trabajar. Ya listo para irme, escuché ruido en su cuarto aunque pensé que no había nadie. Primero supuse que algo se habría caído, pero no, al entrar a su recámara lo vi a él tratando de esconderse.

—¡Jesús!, ¿Porqué no fuiste a la escuela? 

Me dio... flojera. —Lo que me respondió.

Eso lo explica todo, supongo.

jueves, julio 14

Estrellas


Qué poco valor les hemos dado últimamente. Mira que vender su imagen, casi eterna, por unas cuantas letras bonitas. Efímeras, para colmo.

También ellas nos han de intercambiar por tonterías, y también nos han de agrupar en formas bien bobas y de poner nombres bien chairos.

Anyway... Son hermosas. Y a final de cuentas; "Todos somos polvo de estrellas" sentenció alguien, alguna vez. Todos somos polvorientamente hermosos, entonces. Ya es algo.

martes, enero 25

Purgatorio



Y aquí estoy otra vez, mirando lo que ya no es, lo que era, lo que nunca volverá a ser.

Me recuesto en el único mueble de la sala, procurando, no sé para qué, hacer más evidente mi impaciencia. 

Espero quizá ingenuamente el llanto que nunca llegará. Fumo, entre tanto, un cigarro malísimo, con más sabor al tapete del que proviene que al extraño tabaco explorando un paladar virgen.

Se rompe por fin el silencio:

—Pues no me perdía de nada... 

Una risa, leve apenas y luego nada. 

Aquí estoy, velando mi propio cadáver... otra vez.


—Mmm... ¿Por qué no? 


Mientras estoy aquí esperando a que me resuelva la burocracia del más allá —lentísima, como siempre—, ¿porqué no abrasar la fantasía? Ignorar, o tratar al menos, a nadie le hace daño. Olvidemos por un momento esta amargura bastarda de la experiencia que más que facilitar hace más tortuosa esta espera.

Pensemos por un instante ¿Por qué no?— que la vida no se derrumbará otra vez. Que nada fue en vano, que es la primera y será la última vez.

—La última vez...  

Seamos optimistas. Además, si duele tanto ahora; si me es tan vil y desagradable la espera, ha de ser sólo porque disfruté demasiado esa vida que se ha ido y ahora pues no me habitúo a no tenerla.
—No...

Así no se puede, engañarnos para luego engañarnos más es inútil y estúpido.

Ciertamente no me sentía más vivo dentro de ese hinchado cuerpo en putrefacción de lo que me siento aquí junto a él, custodiándolo.

La verdad es que no disfruté esta vida. Ni ésta ni las anteriores.

Tal vez la primera sí... 

Tampoco fue que la odiara, ni siquiera es que no me gustara, a final de cuentas, era una vida, una buena, creo yo.

 ...¿Por qué no disfruté mi vida? 

Supongo que fue la simple costumbre de sí misma.

Pero igual y pues ya qué, ya no tiene caso pensar en ello. Al fin y al cabo, nada va a hacer que regrese. Ni siquiera hará que cambie uno solo de los hechos que en ella fueron. De ser así, probablemente no estaría aquí, pensando en que pensarlo no hará que ya no tenga que estar aquí y teniendo que imaginar que no estoy aquí por la repulsión que me provoca estar aquí.

Esto no está ayudando y muy por el contrario me está enfadando. Basta de juegos inútiles, basta de pensar.


— ¿¡Acaso no hay nadie que atienda esta mierda!?

... 

Qué idiota, no debí. De no abrir la bocota y provocar tan escalofriante eco, tal vez no habría sabido lo muy solo que me encuentro.

  —Imbécil.  


Tic toc...
Tic toc...


¿Cuánto tiempo llevaré aquí? Ese reloj, es idéntico al de... ¿lo habrán puesto ahí para fastidiarme? Hijos de la...

Tic toc...
Tic toc...


—Lástima que dormir sea cosa de vivos... 


Dichosos, estúpidos... ¡No es justo! Dormir ahora sería mi salvación.

— ¿Salvación? ¡Dios mío!.. Éste maldito lugar me tiene tan loco que hasta me olvido de que estoy aquí.

 ¿Así de malo es pensar aquí? ¿Por qué hacernos conservar tan molesto don? Y yo aquí de idiota, queriendo distraerme de toda esta mierda... ¡Pensando!


Tic toc...
Tic toc...


 — ¿Un cigarro?.. ¿Aquí? 


Tal vez alguien antes de mí lo dejó tirado. Al menos así sé que no he sido el único idiota aquí. En fin, no parece que se vaya a acabar pronto, mejor me recuesto un rato. Mientras,  tal vez por fin descubra por qué adoraban el tabaco todos esos idiotas. Al fin y al cabo, mientras esté aquí no tengo de qué cuidarme. Incluso, pensándolo detenidamente, no tengo ni siquiera en qué pensar. 




Tic toc...
Tic toc...Tic toc...
Tic toc...
   Tic toc...   Tic toc...
   Tic toc...

—Tic... toc...


...


—Pues no me perdía de nada... 


Una risa, leve apenas. Una sola y luego nada.

Y aquí estoy, velando mi propio cadáver... otra vez.