viernes, julio 29

Flojera

Me gusta estar con mi hermano, a él le impresiona lo que sea. Me gusta, aunque no lo demuestre, porque me trata como si fuera un superhéroe o algo así. Imita lo que hago, lo que digo, siempre me está haciendo preguntas y a donde quiera que yo vaya, él quiere ir. Es halagador.

Recuerdo una vez que nos fuimos de día de campo, jamás he visto a alguien tan emocionado. Como no fui yo quien planeó el paseo ni quien condujo hasta el lugar, no puse atención al nombre y hasta hoy no lo sé. Lo que sí sé es que era un bosquesillo bien pintoresco, y aunque había otras familias en la cercanía, el lugar no estaba infestado de basura, establecimientos mercantiles, parejas calenturientas ni de otras cosas del mundo civilizado. Sólo árboles, plantas, piedrotas, un riachuelo por ahí y en la distancia un cerrote del que se podían distinguír personitas escalando la parte más rocosa.

Mi hermanito fascinado. Tal vez desde los ojos de un infante sería algo majestuoso, pues un vistazo al cerro ése bastó para que entendiera que un niño de su edad no podría aventurarse a escalarlo. Habrá  imaginado que sería distinto conmigo, pues me preguntó: "¿Y tú vas a subir todo eso?"

"Me da... flojera." Le respondí, por no decirle miedo. Así pues transcurrió el día familiar sin más ni más.

Yo siempre he admirado a mi carnalito, tal vez más de lo que él a mí. Es inteligente y seguro de sí mismo, va mejor que bien en la escuela, de vez en vez trae a casa a sus amigos y aunque aún está chiquito, las niñas de su salón ya le echan el ojo. No podría estar más orgulloso.

Luego así nomás todo empezó a cambiar. Empezó hace poco el nuevo año escolar y ya he tenido quejas de por su mal comportamiento.

Al principio no le tomé importancia porque confío en él y pensé que terminaría resolviendo lo que fuera, pero los días pasaron y nada se ha resuelto, así que decidí preguntarle qué le pasa. Sólo conseguí que se enojara conmigo y sin darme explicación alguna me corrió de su cuarto.

Ayer cuando llegué de ir a correr hice lo que siempre hago; desayuné, me subí a bañar y a prepararme para ir a trabajar. Ya listo para irme, escuché ruido en su cuarto aunque pensé que no había nadie. Primero supuse que algo se habría caído, pero no, al entrar a su recámara lo vi a él tratando de esconderse.

—¡Jesús!, ¿Porqué no fuiste a la escuela? 

Me dio... flojera. —Lo que me respondió.

Eso lo explica todo, supongo.

jueves, julio 14

Estrellas


Qué poco valor les hemos dado últimamente. Mira que vender su imagen, casi eterna, por unas cuantas letras bonitas. Efímeras, para colmo.

También ellas nos han de intercambiar por tonterías, y también nos han de agrupar en formas bien bobas y de poner nombres bien chairos.

Anyway... Son hermosas. Y a final de cuentas; "Todos somos polvo de estrellas" sentenció alguien, alguna vez. Todos somos polvorientamente hermosos, entonces. Ya es algo.