Y aquí estoy otra vez, mirando lo que ya no es, lo que era, lo que nunca volverá a ser.
Me recuesto en el único mueble de la sala, procurando, no sé para qué, hacer más evidente mi
impaciencia.
Espero quizá
ingenuamente el llanto que nunca llegará. Fumo, entre tanto, un
cigarro malísimo, con más sabor al tapete del que proviene que
al extraño tabaco explorando un paladar virgen.
Se rompe por fin el silencio:
—Pues no me perdía de nada...
Una risa, leve apenas y luego nada.
Aquí estoy, velando mi propio cadáver... otra vez.
—Mmm... ¿Por
qué no?
Mientras estoy aquí esperando a que me resuelva la burocracia del más allá —lentísima, como
siempre—, ¿porqué no abrasar
la fantasía? Ignorar, o tratar al menos, a
nadie le hace daño. Olvidemos por un momento esta amargura bastarda de la
experiencia que más que facilitar hace más tortuosa esta espera.
Pensemos por un
instante —¿Por qué no?— que la vida no se derrumbará otra
vez. Que nada fue en vano, que es la primera y será la
última vez.
—La última vez...
Seamos optimistas. Además, si duele tanto ahora; si me es tan vil
y desagradable la espera, ha de ser sólo porque disfruté demasiado esa vida que
se ha ido y ahora pues no me habitúo a no tenerla.
—No...
Así no se puede, engañarnos para luego engañarnos más es inútil y
estúpido.
Ciertamente no me sentía más vivo dentro de ese hinchado cuerpo en putrefacción de lo que me siento aquí junto a él, custodiándolo.
La verdad es que no disfruté esta vida. Ni ésta ni las anteriores.
—Tal vez la
primera sí...
Tampoco fue que la odiara, ni siquiera es que no me gustara, a
final de cuentas, era una vida, una buena, creo yo.
...¿Por
qué no disfruté mi vida?
Supongo que fue la simple costumbre de sí misma.
Pero igual y pues ya qué, ya no tiene caso pensar en ello. Al fin y
al cabo, nada va a hacer que regrese. Ni siquiera hará que cambie uno solo de
los hechos que en ella fueron. De ser así, probablemente no estaría aquí,
pensando en que pensarlo no hará que ya no tenga que estar aquí y teniendo que
imaginar que no estoy aquí por la repulsión que me provoca estar aquí.
Esto no está ayudando y muy por el contrario me está enfadando.
Basta de juegos inútiles, basta de pensar.
— ¿¡Acaso no hay nadie que atienda esta
mierda!?
...
Qué idiota, no debí. De no abrir la bocota y provocar tan escalofriante eco, tal vez no habría sabido lo muy solo que me encuentro.
—Imbécil.
Tic toc...
Tic toc...
¿Cuánto tiempo llevaré aquí? Ese reloj, es idéntico al
de... ¿lo habrán puesto ahí para fastidiarme? Hijos de la...
Tic
toc...
Tic
toc...
—Lástima que dormir sea cosa de vivos...
Dichosos, estúpidos... ¡No es
justo! Dormir ahora sería mi salvación.
— ¿Salvación? ¡Dios mío!.. Éste maldito lugar me tiene tan loco
que hasta me olvido de que estoy aquí.
¿Así de
malo es pensar aquí? ¿Por qué hacernos conservar tan molesto don? Y yo aquí de
idiota, queriendo distraerme de toda esta mierda... ¡Pensando!
Tic
toc...
Tic
toc...
— ¿Un
cigarro?.. ¿Aquí?
Tal vez alguien antes de mí lo dejó tirado. Al menos así sé que no
he sido el único idiota aquí. En fin, no parece que se vaya a
acabar pronto, mejor me recuesto un rato. Mientras, tal vez por fin descubra por qué adoraban el tabaco todos esos idiotas. Al fin y al cabo, mientras esté
aquí no tengo de qué cuidarme. Incluso, pensándolo detenidamente, no tengo
ni siquiera en qué pensar.
Tic
toc...
Tic toc...Tic toc...
Tic toc...
Tic toc... Tic toc...
Tic toc...
—Tic...
toc...
...
—Pues no me perdía de nada...
Una risa, leve apenas. Una sola y luego nada.
Y aquí estoy, velando mi propio cadáver... otra vez.
-APLAUSOS- y si pudiera le daba click en "me gusta"
ResponderBorrar