miércoles, marzo 8

La verdad

Siempre he encontrado fascinante y terrible lo que hace nuestra memoria con los hechos y a su vez el tiempo con nuestras memorias.

Cuánto no los abaratan, los difuminan, los desdibujan hasta que no queda más que el sueño de otro sueño. Entonces los actos más heroicos, los más grandes gestos de amor, los más felices momentos y las más hermosas experiencias se vuelven una carta inconclusa y tachada y rayoneada escrita para alguien más que tomará nuestro lugar y la leerá casi con ceguera y desdén.

Se vuelven nuestras memorias un oscuro espejo que nos muestra cuán imperfecta es la condición humana. Cuán impotente e incapaz es nuestro cerebro para procesar una realidad tan enloquecedoramente agobiante.

Entonces nunca vemos verdad ni realidad en el pasado porque éstas se esconden sólo en quien abandona esta búsqueda, quien prescinde del "yo" y se resigna al presente, al infinito lugar medio entre todo aquello que nos empujó hasta aquí y el cambiante juego de azar y destino hacia el que vamos.

Ahora soy el tacto de las teclas en mis dedos, el brillo del monitor en mi rostro, el insomnio, el dolor de la ruptura.

Cuídeme por siempre entonces de buscar la absoluta verdad en mis memorias y aún peor, de buscar ahí mi felicidad, porque viviré por siempre persiguiendo sombras.

Cuídeme también de olvidar alguna vez que todas mis memorias son la misma, el mismo soneto cantado en los idiomas de mis distintas acciones y que la única y persistente e imborrable verdad sobre los hechos que guardan estos actos y estas memorias es esta:

"Hubo humanidad aquí, hubo grandes errores, pero aprendizaje, hubo afán y esfuerzo, ingenuidad y motivos sinceros."


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